“Las secuelas de las elecciones de Kenia han dividido al país”

"Las secuelas de las elecciones de Kenia han dividido al país y han dejado más de 600 personas muertas, numerosos heridos y sus propiedades destruidas. La contienda electoral más vehemente se produjo entre el presidente titular Mwai Kibaki y el candidato del Movimiento Democrático Naranja (MDN), Raila Odinga. 

Justo antes del anuncio de los resultados por parte de la comisión electoral de Kenia (ECK), el MDN reclamó que el Gobierno había manipulado las elecciones y que había alterado algunos de los resultados a favor del presidente Kibaki. Como consecuencia, Kibaki "ganó" las elecciones con 4.5 millones de votos frente a los 4.3 millones de Raila. Los votos fueron inmediatamente cuestionados por la oposición y comenzaron disturbios esporádicos por todo el país (excepto en el centro y este de Kenia donde el presidente cuenta con un amplio apoyo). 

Kenia ha vivido un nivel de violencia nunca visto antes. Es algo totalmente inaceptable. Existen serias dudas de la manera en la que la comisión electoral ha manejado la totalidad del proceso de recuento. Las elecciones se produjeron sin altercados y contó con una amplia participación; el recuento a pie de urna transcurrió con normalidad, pero el recuento final del resultado en Nairobi se alteró y la oposición reclamó que ellos tenían todas las evidencias y copias de los documentos originales que indicaban el número de votos de las elecciones antes de que fueran manipulados... "ha sido un robo a mano armado", reclamaron. 

La actual violencia ha tomado diferentes dimensiones: queja por las elecciones, atracos y robos, así como algo muy cercano a una limpieza étnica de los Kikuyus, especialmente en el Valle del Rift.  La gente está saldando viejas deudas: siempre ha habido tensiones en los asentamientos del Valle del Rift entre Kikuyus y Kalenjins (los indígenas ocupantes de la región). Tras la independencia, los Kikuyus fueron desplazados a esta zona por los colonizadores que tomaron sus tierras para poner plantaciones de café y té. Este hecho nunca se ha abordado en los pasados cuarenta años, y la situación empeoró durante el mandato del presidente Moi (procedente del Valle Rift y elegido en 1992 y 1997) en el que se incitó a los Kalenjins a expulsar a los Kikuyus quienes no eran partidarios suyos. Esto ha hecho que la situación en la zona haya permanecido muy volátil. 

Rezamos por una solución amigable. Hay una presión muy fuerte sobre el gobierno y la oposición tanto nacional como internacionalmente. El presidente ha emitido una declaración llamando a la reconciliación nacional y pidiendo a la oposición que acuda a los tribunales para protestar por los resultados electorales y no a través de dejar que sus seguidores continúen causando el caos. El MDN desea dialogar siempre y cuando esté presente un mediador internacional. Actualmente se propone como mediador al presidente de Ghana, Kufour, quien es también el presidente de la Unión Africana. El Gobierno ha sido reacio a aceptar esta mediación internacional. 

La oposición organizó el pasado tres de enero una concentración con un millón de personas que no pudo tener el éxito previsto dada la fuerte presencia policial. Se produjeron disturbios y destrucción de propiedades. El MDN ha dicho que las concentraciones van a continuar. 

La iglesia católica ha hecho un llamamiento por la paz y la reconciliación, y también porque haya una auditoría de los resultados electorales y una mediación entre Kibaki y Raila. Por su parte, el Jesuit Hakimani Centre está trabajando en las siguientes áreas para contribuir a la solución del conflicto: 

a) Incidencia junto con la Iglesia y las instituciones civiles para un inmediato fin de la violencia y la destrucción de vidas y propiedades. 

b) Búsqueda de un mecanismo para la inmediata asistencia material y espiritual de las víctimas de la violencia. 

c) Trabajo junto a otros para buscar soluciones a largo plazo de la crisis a dos niveles:

  • promoción de la reconciliación y la unidad nacional.
  • presión para que las estructuras gubernamentales aseguren la transparencia en el proceso electoral".

 

No se puede decir que Kenia vuelve a la normalidad pues como dice Rita Njau, la coordinadora de Programas y responsable de incidencia del Jesuit Hakimani Centre "no hay nada normal en ver balas dispersas, cuerpos descuartizados desbordando las morgues, personas desplazadas viviendo en estadios al aire libre lejos de su seguras y agradables vidas, habitantes de las barriadas viviendo bajo el toque de queda a las cinco de la tarde, ausencia de las necesidades básicas, viajeros teniendo que desplazarse con escoltas armados, personal militar dando cuidados médicos a los desplazados internos y grupos de vigilancia teniéndose que armarse para ofrecer seguridad a sus barrios." "Es tiempo -nos dice- de que nuestros líderes de Kenia olviden su búsqueda de posiciones de poder y busquen una salida antes de que se pueda hablar de mirar para delante." 

"El problema de Kenia yace en históricas desigualdades en la distribución de la tierra, en la impunidad de la clase política y en un sistema centralizado que sólo ve un puesto en el total del brazo ejecutivo del gobierno electo: la presidencia", apunta Humphrey Sipalla, responsable de Investigación, Publicación y Comunicación del Jesuit Hakimani Centre.
 


Cientos de miles de refugiados y desplazados
 

Elizabeth es una madre soltera con cuatro niños. Era una pequeña granjera y cultivaba maíz y tomates en  una pequeña tierra de su propiedad. Durante la violencia post-electoral su casa fue quemada y sus cosechas destruidas. No fue capaz de salvar nada de sus pertenencias y ahora vive con sus hijos entre los desplazados kenianos. Elizabeth está preocupada por el futuro de sus hijos y no sabe cómo reiniciar su vida ahora que todo le ha sido destruido aunque espera poder regresar a su hogar una vez que se establezca la seguridad.

Esta crisis ha provocado más de un cuarto de millón de desplazados internos como Elizabeth y más de 6000 personas han tenido que huir a la vecina Uganda. El Servicio Jesuita a Refugiados está trabajando para poder apoyar a esta población. Anne Wangari, directora nacional del JRS-Kenia ha hecho una visita de reconocimiento a Limuru, a las afueras de Nairobi, y a las diócesis de Eldoret y Kitale en el oeste del país donde se estima que hay 45,000 y 43,000 desplazados respectivamente. En Kitale cerca de 17,000 desplazados han encontrado refugio temporal en escuelas, pero tan pronto como empiece el año escolar tendrán que ser realojados.

 

Entreculturas presente en Kenia 

Desde Entreculturas deseamos un fin pacífico de esta situación en un país en el que, además de apoyar al Jesuit Hakimani Center contribuimos a la labor educativa del Servicio Jesuita a Refugiados.

Un ejemplo concreto de nuestra actividad sobre el terreno es el Proyecto de Apoyo escolar, en los niveles de primaria y secundaria, a refugiados sudaneses del campo de Kakuma (Kenia). Este campo, situado en el extremo noroeste del país, registra actualmente más de 91.000 refugiados, de los cuales, el 72% se halla en edad escolar (menos de 25 años). Esto significa que casi 67.000 niños y niñas no han tenido la oportunidad de acceder a la escuela.

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El proyecto consiste en el apoyo de un programa de becas que ofrece a los jóvenes refugiados de Kakuma la posibilidad de acceder a la educación primaria y secundaria. En total, 184 estudiantes se benefician de estas becas: 15 de ellos con necesidades educativas especiales, 59 niñas en la primaria

y, en la secundaria, 45 chicas y 65 chicos. Esta propuesta forma parte de un programa de becas más amplio que el JRS desarrolla para los refugiados en Kenia. Su objetivo va más allá del propósito de favorecer el acceso a la educación de estas personas; el JRS procura, al mismo tiempo, darles esperanza y una formación humana que les permita integrarse como ciudadanos y ciudadanas en el momento del retorno a sus países de origen. De este modo, indirectamente, se van sentando las bases para el desarrollo y la estabilidad tanto de Kenia como del resto de la región. 

Nota: la imagen de portada es de la agencia REUTERS